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Los retos de la reactivación económica ante la complejidad de los sistemas productivos actuales

Actualizado: 12 jun 2020


A pesar de la falta de información oportuna, confiable y comparable sobre la evolución de la pandemia de COVID-19 en México, el pasado miércoles 13 de mayo el Gobierno Federal anunció un plan de reactivación paulatina ante la epidemia por coronavirus que vive el país. Dicho plan, titulado “La Nueva Normalidad”, consta de tres etapas mediante las cuales se planea “una reapertura gradual ordenada y cauta para que sea segura y duradera”.


En la primera de las tres etapas que comprende el plan, el gobierno tenía previsto reiniciar el lunes 18 de mayo las actividades en 269 municipios de 15 estados, considerando que en estos no había registro de casos de coronavirus y que no tienen municipios vecinos con contagios. La segunda etapa de la estrategia, prevista para el periodo del 18 al 31 de mayo, comprende la reapertura gradual de otros municipios, dando prioridad a las actividades económicas relacionadas con los sectores declarados como “esenciales”: minería, construcción y fabricación de equipo de transporte. Las empresas de estas industrias que comiencen operaciones deberán contar con protocolos sanitarios para minimizar la probabilidad de contagio. Finalmente, la tercera etapa iniciará a partir del 1 de junio y basará su implementación en un “sistema de semáforo” estatal para reanudar gradualmente las actividades sociales, educativas y económicas en cada entidad federativa.

Sin dejar de lado la importancia de contar con indicadores de salud oportunos para dar seguimiento puntual a cada una de estas etapas, resulta importante discutir las características de los llamados sectores esenciales y los retos que tendrán para apuntalar la reactivación económica del país: ¿en qué regiones se ubican?, ¿cómo se integran sus cadenas de valor? ¿qué impacto pueden generar en la economía nacional?

Para efectos del análisis sobre su importancia económica, estas actividades esenciales se pueden identificar utilizando el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN, 2013)[1]. Entre los 89 subsectores económicos que posee México, estas se ubicarían principalmente en:

[1] Código de tres dígitos asociado al nivel subsector económico.

Como puede observarse, si analizamos la importancia de los subsectores, principalmente de 336 Fabricación de equipo de transporte y 211 Extracción de petróleo y gas, pareciera en primera instancia que la estrategia de actividades esenciales buscar privilegiar la reactivación económica en términos de la producción más que del empleo. Pero podemos profundizar más en este análisis. Para ello, tomaremos de referencia el subsector 336 Fabricación de equipo de transporte como ejemplo para resaltar los retos que puede significar una estrategia de reapertura y reactivación económica que pase por alto las interrelaciones del sistema productivo.


IMPORTANCIA ECONÓMICA ESTATAL

Con base en los Censos Económico 2014 de INEGI, el subsector 336 Fabricación de equipo de transporte era el más importante de 89 subsectores en términos del valor de la producción a nivel nacional. En cuestión de empleo se ubicaba en el quinto lugar. Aún y cuando esto pone de relieve la importancia de las actividades económicas que integran este subsector para la economía nacional, su derrama económica es muy diferenciada entre las entidades federativas. Si analizamos la producción bruta estatal en este subsector, podemos ver que las actividades están muy concentradas en ciertas regiones, por lo que los beneficios e impactos de la reactivación económica a nivel estatal a partir de este subsector también pueden concentrarse.

Considerando este indicador, es posible identificar que Coahuila, Puebla, Sonora, Estado de México y Nuevo León concentraban el 60% del valor de la producción nacional, mientras que Guerrero, Oaxaca, Campeche, Baja California Sur y Quintana Roo prácticamente tenían una producción nula en el subsector.


Esta concentración regional de las actividades esenciales debe traer consigo una discusión más profunda sobre los sectores estratégicos que permitirán aminorar los impactos de la pandemia en la economía y el nivel de empleo a nivel local.

IMPACTO DE LOS SUBSECTORES A NIVEL NACIONAL

Otro factor de relevancia en el análisis se refiere al impacto que generan los subsectores en la economía nacional. Este impacto puede medirse a través de los multiplicadores del producto y empleo de cada subsector, indicadores que nos permiten inferir el efecto multiplicador que tienen estos sobre el resto de las actividades económicas a nivel nacional. Subsectores con mayor valor en estos indicadores generan un mayor arrastre en términos de la producción o de la generación de empleos sobre el resto de las actividades económicas nacionales.

Específicamente, en cuanto al subsector 336 Fabricación de equipo de transporte, podemos ver que su impacto sobre la producción nacional se encuentra ligeramente por encima del promedio nacional. No obstante, respecto al multiplicador de empleo, este subsector tiene un impacto muy por debajo del promedio nacional.


En este sentido, las estrategias de reactivación económica nacionales deben considerar no solo el impacto local de los subsectores, sino también las dinámicas y características de cada subsector que permiten generar un efecto arrastre en el resto de las industrias nacionales y con ello generar efectos spillover que permitan la reactivación económica nacional en un menor tiempo y de forma más integrada.

ANALISIS DE LA CADENA DE VALOR

Basar la reactivación económica en una estrategia de seleccionar industrias esenciales puede minar su competitividad. Las cadenas de valor actuales son sistemas complejos compuestos por múltiples productores en diferentes escalas, niveles y regiones geográficas, que intercambian bienes y servicios intermedios para generar productos finales, mismos que deben cumplir con ciertos niveles de eficiencia y calidad para ser competitivos a nivel nacional y/o internacional.

La pandemia no solo ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades de los sistemas de salud nacionales, sino que ha demostrado la fragilidad de los sistemas globales de producción, que de forma general han llevado a las regiones rezagas las actividades de bajo valor agregado, normalmente relacionadas con la manufactura, y han concentrado las capacidades productivas más complejas y de mayor valor agregado, como el desarrollo de software, la investigación y el diseño de nuevos productos, en las regiones más desarrolladas.

Regresando al subsector esencial 336 Fabricación de equipo de transporte, es posible identificar que su cadena de valor se integra por una serie de actividades distribuidas en diferentes industrias, que van desde la manufactura al comercio al por mayor, pasando por servicios de apoyo, profesionales y científicos, autotransporte de carga y los insumos energéticos básicos como la electricidad. Adicionalmente, debe considerarse que buena parte de los insumos de este subsector no se producen localmente, especialmente aquellos relacionados con los subsectores 334 Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos; 335 Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica; y, 333 Fabricación de maquinaria y equipo.


En el corto plazo, entender la actividad productiva de cada subsector a partir de la estructura de su cadena de valor y el grado de dependencia de las cadenas de valor globales, son puntos clave para asegurar su funcionamiento y competitividad. En el largo plazo, debemos ser capaces de capitalizar las lecciones que nos deja la pandemia, conscientes que este tipo de situaciones de emergencia pueden presentarse de forma más recurrente en el futuro, trabajar en el fortalecimiento y resiliencia de las cadenas productivas nacionales, desarrollar clústeres industriales mejor integrados, así como en estrategias de gestión de riesgo para cada industria que nos permitan una mejor planeación y toma de decisiones. Este enfoque fortalecerá la competitividad nacional pero más importante aún, la capacidad de minimizar los shocks externos ante una mayor incertidumbre mundial.

CONCLUSIONES

Considerando que la salud de los mexicanos y la gestión del riesgo de la pandemia deben ser siempre el principal objetivo de cualquier acción, es primordial, como segundo paso, establecer estrategias claras y funcionales para aminorar la perdida de empleo y producción en el país, pues ambos factores ponen en riesgo el bienestar de la población más vulnerable en el mediano y largo plazo.

El diseño de estrategias de reapertura y reactivación económica requiere de entender la cualidad sistémica de la economía y los sistemas productivos. Una visión reduccionista basada en identificar actividades esenciales, más allá de las relacionadas con la producción/distribución de alimentos y los servicios de salud, dificultará el funcionamiento de las industrias y no permeará de forma homogénea los beneficios económicos que se puedan producir.

Por ello, se requiere de estrategias y políticas sistémicas que consideren las características productivas regionales del país y de las industrias. El objetivo final de las políticas de reactivación económica debe ser asegurar el bienestar de la población en materia de salud y empleo.

En la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, conscientes de nuestro compromiso social y de la necesidad de enfocar nuestras capacidades en la creación de valor público, estamos trabajando en una serie de herramientas para la toma de decisiones que incluyen el seguimiento a la evolución de la pandemia a nivel federal y local, su impacto económico y social a nivel regional, así como en indicadores clave para el diseño de políticas públicas basadas en datos duros que permitan mitigar los efectos de la pandemia y la pronta reactivación económica del país.



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